Betania es una mujer de treinta y dos años que vive entre la rutina, la soledad y los ecos de una infancia marcada por una madre exigente y un tío amoroso que le enseñó a valerse por sí misma. Su vida transcurre entre papeles y cafés negros “de esos que regañan”, todo dentro de un pequeño apartamento que llama su santuario, donde todo parece estar en orden, salvo su corazón. Tres amores fallidos y una cicatriz en el cuello son el recordatorio de que ha amado hasta el límite, pero nunca con plenitud.
Todo cambia cuando conoce a Flavio, un hombre sencillo, sin la belleza ni la solvencia de los que la decepcionaron, pero con una sonrisa capaz de desarmar sus miedos. Un encuentro fortuito y un perfume que no olvida, abren para ella la posibilidad de volver a creer en el amor, aunque duela, aunque asuste.
Con una narración fresca e irónica el libro combina humor y ternura para contar la historia de una mujer que aprende a sanar y a dejarse llevar —no de la mano, sino del corazón— hasta el último aliento.