Tan breve como un suspiro, de Humberto Luque Mendoza

Hay textos que no buscan contar una historia completa, sino atrapar un instante antes de que desaparezca. Un gesto. Una imagen. Un recuerdo que asoma y se va. Aquí, cada página funciona como ese segundo exacto en el que algo se revela y luego vuelve al silencio.

Las escenas son mínimas, pero no pequeñas. Amor, pérdida, deseo, memoria, muerte, ternura, ironía, soledad. Todo aparece sin explicaciones, sin moralejas, sin necesidad de cerrar el círculo. Lo que importa no es lo que sucede, sino lo que queda resonando después, como cuando el cuerpo todavía siente el abrazo que ya terminó.

Las palabras avanzan con cuidado, a veces con crudeza, otras con humor, muchas con una melancolía que no pesa, pero acompaña. Hay relatos que duran una línea y otros que se extienden un poco más, como si dudaran antes de despedirse. Todos comparten la misma intención: decir lo justo, no más.

Este conjunto de textos se mueve entre lo íntimo y lo cotidiano, entre lo absurdo y lo profundamente humano. Hay recuerdos que no encajan del todo, amores que no llegan a ser, decisiones que se toman tarde, silencios que dicen más que cualquier diálogo. Nada está exagerado. Nada está explicado de más.

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