Escribiendo al viento, de Abel Fariña

Un hombre se marcha de una relación mientras todavía está enamorado, lo hace porque llega un momento en que lo que ve en los ojos de la otra persona ya no coincide con lo que recibe de ella. Se va, pero la distancia no resuelve nada.

Desde entonces, escribe.

Cuando no puede dormir, cuando cree escuchar su voz, cuando un café, una canción o una frase cualquiera devuelve de golpe aquello que intenta olvidar. Escribe cartas que no envía, imagina conversaciones que nunca ocurren y discute consigo mismo sobre la posibilidad de regresar. El corazón insiste. La conciencia le recuerda por qué se fue.

En Escribiendo al viento, Abel Fariña convierte esa pelea íntima en poesía. Sus versos siguen a un hombre que ama sin saber hacerlo a medias, que entrega demasiado, se vacía y termina preguntándose cuánto de sí mismo dejó en una historia que ya terminó.

La cosas van cambiando página a página. La mujer que parecía ocuparlo todo comienza a perder espacio frente a una ausencia distinta y más difícil de reconocer: la del hombre que él era antes de perderse intentando ser suficiente para alguien más.

Entonces comprende que quizá no la extraña solamente a ella.

También se extraña a sí mismo.

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