Un sábado cualquiera, en el remanso de la semana, se introduce en el rincón de la biblioteca con la intención de contemplar los títulos de las obras, recordando contenidos leídos con anterioridad, entre tantos libros que terminan casi todos colocados unos sobre otros, encima de un taburete, en forma de columna que simula una escultura propicia para la genuflexión.
¿Qué puede hacer con tan voluminoso contenido de palabras escritas, insertas a través de relatos, crónicas, novelas y ensayos, sumergidos en las creaciones literarias de los diferentes autores?
Escoger a un determinado personaje, crearlo y pasearlo desde el libro Génesis de la Biblia, hacerlo recorrer por diferentes lecturas y, finalmente, relacionarlo con el fondo de la obra en una historia, cuento, novela, ensayo o sueño como El último nihilista, negación de toda creencia.
El último nihilista es una travesía interior que entrelaza la historia política, filosófica y espiritual de un hombre que observa el devenir de su tiempo desde los márgenes de su biblioteca y de su conciencia. A través de sus lecturas, recuerdos y encuentros, el protagonista recorre los grandes dilemas del pensamiento —la fe, el poder, la verdad, la ética, la nada— mientras la realidad nacional se desenvuelve con la misma intensidad que los libros que lo rodean. En medio de discursos, revoluciones y derrotas, el lector presencia la confrontación entre la esperanza y la desilusión, entre la acción y la contemplación, en una obra que busca descifrar el sentido último de creer o dejar de creer en un mundo que parece haberse quedado sin certezas