Cuando hablamos de generaciones nos referimos a establecer un linaje, una línea espiritual que revele el cumplimiento del propósito de Dios. Como evangelistas de Dios debemos velar por transferir el ADN espiritual correcto, puro y santo a las siguientes generaciones, cuidando que nuestra predicación sea la establecida en la Palabra de Dios.
Las generaciones que están emergiendo en estos tiempos requieren de un conocimiento genuino, claro, sin matices humanos o religiosidad extremista; tampoco puede ser un evangelio permisivo impregnado de libertinaje. Debe ser una transferencia de una generación que se moverá en niveles espirituales profundos con el Espíritu Santo.
1 Corintios 2:4-5 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (RVR)