Hay libros que se escriben con tinta.
Y están los que se escriben con temblor.
La obra es el testimonio íntimo de un corazón que despierta cuando creía haber vivido ya todas sus estaciones. Es la historia de un amor que nace sin permiso, que se instala sin pedirlo, arde, duele, eleva y desarma.
Mary Gracia escribe desde la madurez, la fe, la contradicción humana de quien ama y al mismo tiempo teme. Cada poema es un latido: espera, ausencia, deseo, culpa, esperanza, entrega. Un amor que parece imposible y, sin embargo, inevitable. Un sentimiento que no necesita consumarse para volverse absoluto.
Entre cielos abiertos, lluvias que calman, lunas rojas, estrellas que titilan y mares que arden, la autora dialoga con Dios, con su conciencia y con ese “él” que se convierte en presencia constante, incluso en la distancia.
Este libro no habla nada más de enamorarse.
Habla de volver a sentirse viva.
Habla del miedo al tiempo.
Habla del alma que reconoce a otra alma.
Y, sobre todo, habla del amor como mandato del cielo, aunque duela en la tierra.