Valiente, de Adriana González Molina

Durante años, Adriana creyó que debía poder con todo. Ser el orgullo de su madre, sostener a su familia, resolver los problemas de los demás. Detrás de cada logro crecía una necesidad de aprobación que la llevaba a entregar más de lo que tenía, hasta quedarse sin fuerzas para cuidar de sí misma.

La muerte de su madre, la ruptura de su matrimonio y, finalmente, la prisión pusieron a prueba cuanto había construido. Entre las paredes de un calabozo, enfrentó el abandono, el deterioro de su salud y la distancia de su hija, la ausencia que más le dolía. Allí tuvo que mirar de frente sus decisiones y aprender a recibir la ayuda que tantas veces había ofrecido a otros.

En Valiente, la autora comparte un testimonio de caída y reconstrucción sostenido por su fe en Dios. Con la franqueza de quien todavía tiene heridas por sanar, habla de la culpa, de los afectos que permanecen y del difícil aprendizaje de poner límites.

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